El arte de enseñar a escribir

Mario Bellatin (coordinador), El arte de enseñar a escribir, coedición del FCE y la Escuela Dinámica de Escritores, México, 2007, 208 pp.
ZONA VEDADA
No se debe, no se puede enseñar a ser escritor, dice tajante Mario Bellatin (Ciudad de México, 1960) en el prólogo de El arte de enseñar a escribir. Y a partir de esa premisa fundó una escuela sui generis, la Escuela Dinámica de Escritores, a la que ningún alumno acude a escribir sus textos de creación. Una escuela de escritores donde la única prohibición es la de escribir; donde no se enseña lo que no puede enseñarse: a ser escritor. Un espacio que no funciona como un taller literario convencional, en el que un maestro o burócrata cultural corrige y corrige los borradores de futuros “escritores”, sino como un centro de confluencia de los más diversos creadores y profesionales: escritores, pintores, escultores, fotógrafos, psicoanalistas, traductores, críticos, editores, filósofos, guionistas, etcétera.
Antes que enseñanza y aprendizaje, encuentro y diálogo de experiencias artísticas. Esta es la apuesta del escritor Mario Bellatin, autor de obras extrañas como Salón de belleza y Canon perpetuo, y director de la Escuela Dinámica de Escritores, la cual ha contado con la colaboración de noventa y cinco maestros y de la que han egresado ya tres generaciones de estudiantes. En El arte de enseñar a escribir se recogen precisamente las experiencias significativas de cuarenta reconocidos maestros que han hecho posible estos encuentros.
Quien desee escribir, que busque sus propios espacios ajenos a la escuela, para que se enfrente a la escritura de la única manera posible: en soledad, con sus estímulos y sus recursos como creador; no bajo la tutela del maestro. Que cada quien cincele, a solas, su obra literaria. Hay técnicas pero no fórmulas. Los misterios de la creación, es obvio, no pueden transmitirse, parecen advertirnos Bellatin y los “maestros” que han apoyado con entusiasmo la Escuela Dinámica de Escritores, como por ejemplo Enrique Serna, quien expresa en una de las páginas de este libro lo siguiente: “cuando yo era un joven prospecto nunca asistí a talleres, pues creo y sigo creyendo que la mayor parte del oficio literario se adquiere en la soledad y no es transmisible”.
Pero entonces, si no es a escribir, ¿a qué va un estudiante a esta escuela que es una especie de zona vedada a la escritura? Sobre todo, a conversar. A utilizar como pretexto a un autor o tema concreto para ampliar su mundo sensible a través del contacto directo con el más variado arte de un buen número de creadores. El objetivo de
Publicado en ESCRIBIR, ESCUELA DINÁMICA DE ESCRITORES, MARIO BELLATIN, RESEÑAS

Octubre 4th, 2007 a las 12:25 am
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