De intelectuales e intelectualoides

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En su número 63, la revista Metapolítica publica un irónico y espléndido ensayo del profesor de filosofía Giuseppe Patella. La interrogante que sirve de título al texto nos deja claro el contenido de la reflexión que nos espera: Y los intelectuales, ¿dónde están?

En principio, el intelectual tradicional, sabio, docto, oracular, universalista, ilustrado y preocupado por la cuestión pública, el pensador que intervenía e influía en los procesos de las decisiones colectivas, ya  casi ha desaparecido. Lo tiene claro Patella y por eso deja constancia de “la actual y progresiva irrelevancia de los intelectuales” en un tipo de sociedad cuyas autoridades son el mercado y la información accesible a todos, democrática. Con esta irrelevancia agoniza también la inclinación histórica de los intelectuales, prefigurada por Platón, por fungir como consejeros del príncipe o cualquier gobernante de medio pelo. Escribe Patella:

parece ser ya superada también la época señalada por Jacques Derrida como “la tentación de Siracusa”, que se puede entender como la época dominada por la tentación recurrente de los intelectuales para intervenir directamente en política, para aconsejar a los detentadores del poder y, de algún modo, desviar o condicionar el curso de la historia.

Pasamos de los intelectuales legisladores a los intelectuales intérpretes, legitimadores de un status quo que los mima y les otorga la relevancia que antes obtenían del compromiso moral y político de la palabra, de la escritura. De hecho, hoy podemos encontrarnos a intelectuales que no escriben ni reflexionan porque ya no lo necesitan. Lo que requieren es una buena imagen, algo de palabrería y acceso a los programas de televisión y radio. Como se trata de conseguir un lugar en el mercado de la información y de no incomodar a nadie bienpensante, se limitan a explicar con precisión el know how de las instituciones, a legitimar lo que en apariencia está legitimado.

Patella, citando a Corinne Maier, lamenta que hoy nos encontremos no tanto con intelectuales sino con intelectualoides, y escribe:

El intelectualoide sería la versión trash del intelectual, es decir, la banalización y la vulgarización de un papel antes reservado a pocos elegidos y hoy vuelto masivo, el intelectual prét à porter, democrático si lo queremos, en la portada de todas las revistas, en grado de poner conjuntamente bellos discursos vacíos hechos de frases hechas y palabras difíciles, con la capacidad de expresar su opinión sobre todo y sobre todos estando cómodamente sentado sobre el sillón de un estudio televisivo.

Es difícil no estar de acuerdo con el profesor italiano. Lo que él llama el intelectual intérprete, y que yo llamaría con Bobbio el “intelectual” técnico, aquel que emplea y compromete al mejor postor su conocimiento especializado, se ha instalado entre nosotros y se ofrece él mismo como mercancía, diseña su marketing para conseguir un lugar en el mercado ya no digamos de las ideas, sino en el de la más burda y afectada comunicación. Los técnicos, precisamente por su función, buscan acercarse al poder privado o público. Puesto que ya no buscan intervenir en la comunidad y perciben en la crítica un anacronismo nostálgico, es comprensible que abracen el poder, porque dentro de su esfera son alguien, son consejeros, expertos, empleados ilustres, pero no intelectuales.

A pesar de las malas noticias y de la irrelevancia de los intelectuales que aún quedan, Patella no se entrega a la derrota:

¿Todo esto significa que quizá debemos rendirnos frente al conservadurismo dominante y al conformismo de los actuales intelectualoides? No, al contrario, me parece hoy como nunca necesario resistir a estas tendencias y correr incluso el riesgo de ser intercambiados por los llamados nostálgicos o pasar por laudatores temporis acti, confirmando ante todo la independencia y el fuerte valor simbólico del trabajo intelectual, que siempre es una actividad de búsqueda esencialmente libre, autónoma, desinteresada, más allá de la mera lógica de la ganancia y del sistema de la comunicación hoy dominante, y que en el fondo es del interés de todos continuar salvaguardando. Por ello, el intelectual es y así queda, producto de un saber y portador de un conocimiento cuya naturaleza simbólica y social es profundamente antitética a la mera lógica del mercado y no es reducible a una mercancía con el fin de sacar algún lucro de ello.

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6 respuestas a De intelectuales e intelectualoides

  1. Ana Martha dice:

    El escritor alemán Dietrich Schwanitz señalaba que los enciclopedistas de la Ilustración anticiparon la figura del intelectual, a quien describe como: “un tipo sin lealtad a nada, excepto a su propia razón; crítico frente a la autoridad, sobre todo frente a los poderosos; burlón, satírico, polemista y desenmascarador. No era un erudito, su preocupación era el presente; no era un académico, su estilo era periodístico. Se interesaba por las absurdas acciones de los gobiernos y por los defectos de la sociedad.”

  2. Irad dice:

    Estimada Ana Martha:

    Te agradezco la cita que compartes. Yo no tengo ninguna duda que la ilustración, los enciclopedistas, el siglo XVIII y la utilización de la imprenta y los panfletos posibilitaron la aparición del intelectual moderno, ya no consejero del príncipe y tampoco clérigo privilegiado como ocurrió en la edad media.

    Saludos!!

  3. Uf, no salgo de esas preguntas. Estoy leyendo un libro sobre la historia de la intelectualidad judía, habla mucho de Arendt y Benjamin,un poco para entender las reacciones en cuanto a los conflictos en el Medio Oriente o de los intelectuales judíos de derecha, negando el sufrimiento palestino, o el de los de izquierda confesandose avergonzados de ser judíos – lo que es problemático también. [Creo que este es un tema de mail y no de comentario al blog, en fin, porque dentro de estos estilos que Ana Martha señala, han habido derivaciones muy problemáticas]. Un abrazo.

  4. Ana Martha dice:

    Los conflictos en el Medio Oriente… un tema que nunca he podido entender. Involuntariamente omití en mi anterior comentario felicitar a Irad por su blog, me parece interesante, un saludo.

  5. Irad dice:

    Miriam:

    Me interesa conocer el título del libro que estás leyendo sobre intelectuales judíos, y más si hablan de Arendt y Benjamin en su función intelectual. Ambos fueron bastante valientes al enfrentarse a los clichés de su tiempo sobre el tópico judío.

    En cuanto a las reacciones que señalas de los intelectuales de izquierdas y derechas, ya sabes que comparto enteramente tu distancia crítica de ambas posturas, pues creo que hicieron precisamente lo que no debían: dejar de pensar, de interrogarse, de ser algo más escépticos a la propaganda política coyuntural.

    Un abrazo!!

  6. Irad dice:

    Ana Martha:

    Gracias por tu comentario a mi blog. Me disculpo por no actualizarlo como es debido, pero estoy fuera de la ciudad y me ha sido complicado conectarme a internet.

    Saludos!!

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