Un mundo sin tediosa gramática

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Zygmunt Bauman, Los retos de la educación en la modernidad líquida, Gedisa, España, primera edición, 2007, 46 pp.

Un mundo sin tediosa gramática

Raras veces nos detenemos a considerar el misterio de la transmisión, apunta George Steiner en Lecciones de los maestros (2004). El crítico se refiere a las artes de la enseñanza, a la relación entre discípulo y maestro; sus maravillas y falsedades. Hay maestros que destruyen psicológicamente a sus discípulos: los humillan y los hunden. Hay discípulos parricidas que traicionan y arruinan a sus maestros. Pero también tenemos discípulos y maestros que se entregan al eros de la mutua confianza; quizás sea ésta la base de toda enseñanza. Una erótica de la transmisión que se sustenta no sólo en una necesaria confianza sino, a veces, en el amor: Alcibíades y Sócrates; Eloísa y Abelardo; Hanna Arendt y Heidegger; y, no podían faltar, Simone de Beauvoir y Sartre.

La persuasión está en la médula de la enseñanza. Un profesor indigno de ser creído es un can que ladra a la luna y cuyos ladridos no conmueven al auditorio. Por el contrario, el que es digno de crédito logra captar la atención en el mismo momento en que transmite su amor a la ciencia, a las ideas, a la música, al deporte, a los idiomas, etcétera. Alcibíades hablaba de la extraña y poderosa irradiación pedagógica de su maestro. Simone tuvo amantes, pero nunca percibió en ellos el intelecto omnívoro de Sartre. Estos maestros enseñaban con el ejemplo. En este sentido eran ejemplares.

Si la mayoría de los individuos no sólo no leen sino que detestan la filosofía y la literatura, se debe a que sus “profesores” les transmitieron el fastidio por las preguntas y la imaginación. Con una enseñanza muerta les cercenaron el goce de pensar y poetizar su circunstancia.

En Los retos de la educación en la modernidad líquida, Zygmunt Bauman (Poznan, Polonia, 1928), el sociólogo que ha cobrado fama por sus conceptos de modernidad líquida (Modernidad líquida, FCE, 1999) y su crítica frontal al consumismo (Vida de consumo, FCE, 2007), se propuso tratar los desafíos que ponen hoy en crisis a la enseñanza como un arte de la transmisión, arte en el que la memoria y el compromiso ético son los pilares de una educación perdurable.

El estadio líquido de nuestra sociedad consumista se caracteriza por la inestabilidad y la falta: de compromiso, de responsabilidades, de certezas y sobre todo de tiempo. A esto último Bauman lo denomina el síndrome de la impaciencia. “En nuestros días, toda demora, dilación o espera se ha transformado en un estigma de inferioridad”. Por eso cada vez son más demandados el bachillerato de dos años y la carrera profesional de tres, porque en tiempos líquidos la juventud no tiene tiempo para perder el tiempo. Las complicaciones de una educación lenta y profunda la agobian. Y el mercado responde con nuevas ofertas a la medida de sus angustias, por ejemplo: una “escuela” chafa ofrece descaradamente aprender idiomas sin “tediosa gramática”. Ésta es hoy la utopía del estudiante. Un mundo sin tediosa gramática, en el que no haya maestros sino facilitadores.

Expulsadas la dificultad y la memoria de la enseñanza, la educación se convierte en una mercancía disponible al mejor postor. Cuando algunas instituciones de educación privada (en realidad viles empresas) comienzan a llamar clientes a sus alumnos algo se ha pervertido. “La educación pasa a ser una cosa que se consigue, completa y terminada, o relativamente acabada”. Y los profesores pasan a ser monedas itinerantes en un salvaje mercado laboral que desprecia la transmisión cultural porque mete en problemas a sus clientes. Les complica la vida.

A pesar de que Zygmunt Bauman es un gran provocador, en este libro no pasa de plantear vagamente algunos retos (el síndrome de la impaciencia; el gusto por lo perecedero e instantáneo; la naturaleza impredecible del cambio contemporáneo) que cuestionan las bases tradicionales de la educación, sin formular soluciones o salidas originales como lo hace Edgar Morin en diversos trabajos. Más bien repite conceptos e ideas de sus anteriores libros sobre la vida líquida y la cultura consumista. Paradójicamente, el crítico mordaz de la sociedad de consumo se está convirtiendo en un producto perecedero.

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5 respuestas a Un mundo sin tediosa gramática

  1. Jorge G. dice:

    La ausencia de la “tediosa” gramática. Buena señal de muestro tiempo, tan visiblemente palpable. Es como una gran cadena, por o general no hay maestros en el sentido clásico de lo que debería ser un maestro, por que la conformación de nuestro engranaje social no los exige, por el contrario los limita y envilece. Por lo general se auto envilecen. Solo queda volver al origen socrático siendo autodidacta, la única forma, a mi mejor entender, de lucha contra la cultura del consumismo. Joder! … muy buena crítica, como para ponerlo en la sección de sociales o deportes y pueda así ser leído no? y así, irremediablemente buscar conocer a Zygmunt Bauman.

  2. Irad dice:

    Jajajaja. Merci beaucoup, George, por tus comentarios.

    Tienes razón: quizás debería pedir que me cambien a sociales o deportes para ser leído y derramar allí oraciones de amargura.

    Salut!

  3. CARLOS COTA dice:

    sociedad de consumo y desorden gramatical, lo primero se desordeno con la inclusion de la mujer en las compras y lo segundo se hizo costumbre con la inclusion de la mujer en la enseñanza, a partir de la revolucion industrial inicia la debacle consumista y el desorden gramatical con el inicio de la intervencion de la mujer en la vida economica y social, antes de ello eran los hombres quienes hacian las compras y eran ellos los unicos maestros, no tengo nada en contra de las mujeres es solo una pequeña reflexion, antes las admiro y las quiero, pero analizando la historia ahi queda la duda y la palabra “inclusion”.-

    Sera para bien o para mal no lo se pero veo en la compu, en el chat palabras tan raras que me da mucho pesar, somos ignorantes o flojos, practicos o tontos, nos dejamos llevar por aquel que dice, eso ya no se usa y asi caemos en espiral a un punto de vano placer gramatical, donde buscamos no saber sino complacer, no exigimos calidad sino ser aceptados por aquellos que tienen el poder.-

    TE FELICITO POR ESTE ESPACIO, VEO QUE TIENES MUCHAS COSAS INTERESANTES.-

  4. Irad dice:

    Carlos Cota:

    Gracias por tus comentarios sobre este sitio. Y en efecto, lo primero que todo individuo busca en la sociedad de consumo es ser aceptado. Por eso se pone en venta.

    Saludos!

  5. jorge peña dice:

    En cuanto a los retos de la educación en la modernidad líquida, estoy de acuerdo con los ejemplos que coloca el autor, de la forma en que la vida rápida nos ha distanciado, en que cada día el mercado laboral se mueve por números y si no te ajustas a las estadísticas estas fuera del mercado de trabajo, y que si no tienes no puedes accder a tener. pero dónde queda la utupia de los maestros al educar? Donde quedan las ambiciones y las ilusiones? El autor no puede generalizar acerca de “toda la sociedad”. Todavía quedan, en gran porcentaje, gente que cree en el otro, que confia en el otro,que está lleno de ilusiones, que no piensa ue es un ser acabado,que crre que ser es más que tener, que le ilusiona ser maestro, que bustaca espacios para compartir en vez de imponer, que aprende todos los días, que disfruta lo que hace, que es paciente y que ve que el espacio que lo rodea tiene, aún, muchas cosas que lo hace crecer.
    Por qué el pesimismo del autor?
    Claro la educación debe cambiar, al ritmo como cambia la cultura. El reto es poder enganchar a los alumnos para que se apropien de ese conocimiento que le servirá como sustenyo para su vida. No creo en que las relaciones sean pasajeras, en que los chicos no tengan ilusiones, en que los adultos sean terminados. Ustedes creen que los constantes cambios de instituciones educativos le generanuna identidad al estudiante? Ustedes crren que cambiar de trabajo en forma constante, le puede dar estabilidad emocional? El autor pretende que veamos al hombre como ser acabado? Hay empleo para estar cambiando de trabakjo en forma constante?
    Todavía existimos seres humanos que pensamos en el otro como alguíen que me acompaña, como alguien que me ayuda a crecer, con el que convivo y me ayuda a superar las dificultades.

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