“París, primavera de 1984. Telefoneo a E.M. Cioran a través de unos amigos. “Si él me ha leído, sabrá que no quiero que me fotografíen, pero quiero conocerlo”. Tres meses después regresé a la cita en su casa, frente al metro Rue Odéon.
“—Quiero hacerle un retrato.
“—Si usted me ha leído nunca me va a hacer un retrato.
“El tiempo transcurría, la luz matutina se reflejaba hermosa en sus cabellos, e insisto:
“—Señor Cioran, soy un fotógrafo.
“—Lo sé.
“Tomó mi portafolio y se detuvo en el retrato de Esther Seligson, su traductora, sorprendido por la luminosidad de ella. Admirando sus manos largas y su cabello de escuincle despeinado, volví a insistir…
“—Monsieur Cuéllar, haga lo que tenga que hacer…
“(Texto: Alicia Quiñones)”
Vía Laberinto.

Jejeje…
Vaya, un pícaro vampiro resultó.
No esperaba menos de mi amado escritor transilvano.
Ayer leía la revista Tierra adentro, y en la página 2 me encuentro con unas bellísimas fotos de Juan José Arreola capturadas, precisamente, por Rogelio Cuéllar.
Slds!!!
Ah, la vanidad.
Saludos!!! No contesto más porque estoy fuera de la ciudad. Pronto regreso.