Norte y Sur en Tierra Adentro

Hace unos meses los editores de la revista Tierra Adentro se propusieron llevar a cabo un experimento en su sección de crítica: invitarían a un crítico del norte para que reseñara libros escritos por narradores del sur, y a un crítico del sur para que hiciera lo mismo con propuestas narrativas del norte. Respectivamente, un servidor y Eduardo Huchín Sosa, respondimos a la invitación.

El siguiente texto mío se publicó en la citada revista en el número doble 161-162 (diciembre 2009-marzo 2010):

Nadia Villafuerte. ¿Te gusta el látex, cielo?, México, Fondo Editorial Tierra Adentro, 2008. 150 pp.

José Francisco Castillo Baeza. A la espera, México, Fondo Editorial del Ayuntamiento de Mérida, 2008. 68 pp.

Rafael Ferrer. Breve anecdotario de un mundo cualquiera, México, Conaculta/Gobierno del Estado de Campeche/Instituto de Cultura de Campeche, 2008. 87 pp.

Pedro Eduardo Ferrer Franco. Cuentos al óleo, México, Conaculta/Gobierno del Estado de Campeche/Instituto de Cultura de Campeche, 2008. 71 pp.

Luis Gámez. Nicolasa en la villa de perros, México, Gobierno del Estado de Tabasco/Instituto Estatal de Cultura, 2008. 98 pp.

Panorama poco alentador

Decía Italo Calvino, por allá en 1985, que “en los tiempos cada vez más congestionados que nos aguardan, la necesidad de literatura deberá apuntar a la máxima concentración de la poesía y del pensamiento”. La forma literaria que da cabida a esta concentración no podía ser otra que el cuento o el relato corto. El propósito es alcanzar y fundir en un relato la belleza fugaz, paradójicamente memorable, de la metáfora y la concepción del mundo que aporta el ejercicio de las ideas. En México, desde la década de los años veinte hasta nuestros días, se han escrito cuentos a la manera en que lo vislumbraba el escritor italiano. Julio Torri, José Revueltas, Juan Rulfo, Juan José Arreola, Carlos Fuentes, Edmundo Valadés, Augusto Monterroso, José Emilio Pacheco, Sergio Galindo o Elena Garro, fueron ejemplo de aquello; cultivaron el cuento o el relato breve no como una mera transición a la novela, sino como una de las formas literarias para expresarse con la mayor intensidad e inteligencia posibles, eliminando rellenos y aserrines insustanciales. Fundaron una tradición cuentística y la enriquecieron con su varia invención formal y temática. Hoy día, narradores como Daniel Sada, Juan Villoro, Enrique Serna, Guillermo Fadanelli, Eduardo Antonio Parra o Alberto Chimal, por citar algunos, persisten en labrar las formas breves de la literatura.

Pero, ¿qué ocurre con los más jóvenes y, particularmente, con los narradores jóvenes del sur de México? ¿De qué escriben y cómo escriben sus relatos? Luego de leer cinco propuestas narrativas me topé con una diversidad de estilos, temas (la mayoría ajenos al regionalismo), estructuras y temperamentos. Además, con excepción de Nadia Villafuerte, hallé una constante: ligereza en el pensamiento, descuido en la concepción de las tramas y una carencia reiterada de intensidad narrativa.

En el ejercicio de lectura encontré lo siguiente: entre los narradores jóvenes del sur destaca la escritura de Nadia Villafuerte (Tuxtla Gutiérrez, 1978). En su libro de relatos ¿Te gusta el látex, cielo? (2008) despunta una voz literaria sensible, original e impregnada por una concepción pesimista y desencantada del mundo, ese “catálogo de podredumbre” donde fracasa una y otra vez el hombre. Con una prosa concisa, artística, pacientemente trabajada, sus cuentos logran crear, con afiladas descripciones, atmósferas densas, sórdidas y exhaustas, en las que se respira un aire fétido, estancado. Sus historias, como influidas por una afición al arte de la fotografía, son instantáneas que enfocan y captan de golpe trozos de la realidad de sus personajes; resumen la acción pero también la escenifican con igual eficacia y dramatismo a través de una diversidad de puntos de vista narrativos. A Villafuerte no le interesan los grandes saltos de tiempo, sino la captura de un instante en el que algo se resquebraja, el momento en que la existencia vacila y despide el polvo muerto de la rutina. La narrativa de esta autora chiapaneca se nutre de una poética de la fractura social, de los márgenes en que habitan individuos próximos al derrumbe o sumergidos ya en la ruina. Personajes tristes y resentidos, ajenos por condición y voluntad propia al mito liberal del progreso y las boberías del éxito. Un universo realista compuesto por periodistas, putas, migrantes, travestis, drogadictos y fastidiados incurables, cercano al de Raymond Carver, Guillermo Fadanelli y J.M. Servín.

¿Sus temas? De alguna manera los he insinuado: la soledad, el hastío, el deseo, la prostitución, la venganza, la migración, la violencia y el humillante esplendor de la miseria. Si bien los relatos de este libro se pueden ubicar en Cuba, Texas, Nueva York o Tijuana, el sur de México, su frontera, ocupa un lugar especial en ellos. Para Villafuerte el sur no es sólo un espacio geográfico para desarrollar una historia, sino toda una problemática que está allí para contarla. En un relato como “Frontera de sal”, por ejemplo, se tematiza la pobreza, el abandono y la violencia del sur, la frontera olvidada por todos; en “Yésira”, los migrantes centroamericanos huyen de su miseria sólo para encontrarla de nuevo en la frontera mexicana y padecer, sistemáticamente, el abuso, la persecución y el esclavismo laboral en las maquiladoras; en “¿Te gusta el látex, cielo?”, el relato que da nombre al libro, el más logrado en trama y tensión, complejo y perfecto, aparece una vez más la frontera junto a la explotación sexual, las drogas y la variedad del crimen, incluso político. “…El sur, esa palabra minúscula, monosílaba, es la frontera equivocada, el error, el horror histórico”, dice el narrador de una de las historias.

De la frontera norte se habla y se escribe, de la frontera sur casi no. ¿Es muy distinta la situación entre ambas fronteras? Los cuentos de Villafuerte revelan que una orilla refleja y se prolonga en la otra, la podredumbre está de un lado como de otro.

***

El caso de José Francisco Castillo Baeza (Chetumal, 1987) es otro. Los cuentos reunidos en A la espera (2008) responden a una inquietud por la ciencia, los planteamientos teóricos, la muerte, la identidad, la vejez y el lenguaje. Hay cierta unidad temática en el libro, pero los relatos se despeñan apenas comienzan a desarrollarse. Salvo “El pezón de la pera”, relato de aventuras sobre el descubrimiento de América, que se deja leer muy bien, en las narraciones de Castillo Baeza las tramas son flojas (en el mejor de los casos), la tensión es nula, los personajes son insustanciales y desdibujados y el estilo carece de precisión, de un esfuerzo por plasmar la expresión adecuada. Antes que contar bien una historia y perfilar a sus personajes, a Castillo Baeza le preocupa nombrar una teoría, un principio científico, una pregunta filosófica, o referirlos indirectamente. Cuentos como “Gramática degenerativa” (obvia referencia a la lingüística de Chomsky), “La huella” (donde se aborda la pregunta por la identidad personal) o “La foto que llegó de Ginebra” (se esboza la interpretación de una imagen concreta y su significado), por mencionar tres relatos, pretenden exponer y explicar una tesis antes que desplegar una historia y tejer con inteligencia su trama. Ni queda claro si el autor conoce realmente las teorías en que funda algunas de sus historias, ni tampoco cuál es su justificación en lo que se nos cuenta. Es una narrativa con demasiados hilos sueltos e ideas inconexas: apenas se aborda un tema o una situación en el primer párrafo, en el siguiente se avanza por otro camino para no volver más, perdiéndose el eje conductor de la historia.

En un juego intertextual, con múltiples epígrafes, citas y referencias implícitas, que pronto se revelan innecesarios, más allá de la presunción del autor, éste exhibe sus lecturas y preferencias clásicas (Cortázar, Borges, Quevedo, Foucault, Bachelard…) pero no su asimilación. El autor, sin embargo, es joven. El tiempo nos dirá si más adelante ocurre lo contrario.

***

Rafael Ferrer, nacido en Campeche y autor del libro de relatos Breve anecdotario de un mundo cualquiera (2008) es todo ironía e irreverencia. El humor, el sarcasmo y la transgresión acompañan a casi todas sus narraciones. Trátese del gobierno, la hipocresía familiar, los buenos modales, las costumbres o los tabúes sexuales, Ferrer se opone a ellos y los desacredita sin complacencias. Un sostenido cinismo reverbera en las frases y oraciones de sus narradores (ofreciendo verdades para sobrevivir a una marea de individuos falsos e idiotas), y yo lo celebro. Urge respirar un tono diferente, libertino y crítico, en la narrativa mexicana. Sin embargo, la insolencia por sí misma, lo saben Céline, Fernando Vallejo y Antonio Ortuño, por dar tres ejemplos, no hace a un escritor, sino la técnica y el trabajo esmerado con las palabras. La irreverencia en la escritura de Rafael Ferrer parece provenir más de un ímpetu juvenil —muy de la literatura de la onda y el rock— que de la lectura de cierta tradición literaria narrativa. Aunque por momentos su estilo es muy fluido y sus imágenes, metáforas y juegos de palabras afortunados, en otros, queriendo ser lírico o ingenioso, suele abusar de los adjetivos y las expresiones figuradas, afectando la buena marcha de una historia.

Por el contrario, el estilo de Pedro Eduardo Ferrer Franco (Campeche) en Cuentos al óleo (2008) es austero y sencillo. Sus palabras son más bien “correctas”, a excepción de las empleadas en los relatos de “El nombre de fulana” y “Mátame, veneno”, en los que suena una voz muy parecida a la de Rafael. Y no es éste el único caso en el que la narrativa de estos dos autores se asemeja. El relato “Rojos Tulipanes” de Pedro Eduardo, redactado a manera epistolar, es casi idéntico a “Midnight Movies”, también una carta, de Rafael. En ambos, un hombre solitario, amante del cine, confiesa su amor a una mujer también aficionada al séptimo arte. La estructura, el argumento, la esencia de los personajes y el tema del amor y la soledad son los mismos. Como si los textos fueran resultado de un mismo ejercicio en un taller literario. Además, hay coincidencia en los temas: encuentros de parejas, drogas, infidelidades, la soledad, las aventuras urbanas juveniles, por no decir de adolescentes, y el cine. De fondo, el rock, los guiños a la pintura y una que otra prostituta con cuerpo de animé.

Cuando se lo propone, Rafael Ferrer puede llegar a ser abrumadoramente didáctico y arruinar un relato con un largo y redundante preámbulo discursivo, como sucede en “La noche de un día difícil” y “Angel face”. Pedro Eduardo Ferrer puede ser ininteligible (“Mátame, veneno”). En cambio, cuando se concentran en un aspecto esencial de la vida, acaso mínimo (una confesión de amor, una infidelidad, un juego sexual o una broma) y lo recrean en la ficción, atentos a la historia que cuentan, los autores logran sus mejores narraciones: “Midnight Movies”, “7:30 Tu mujer te está engañando” y “El laberinto de Sade”, en el caso de Rafael, “El poseído” y “Luna sinfónica”, en cuanto a Pedro. Estas cinco historias me convencen del potencial narrativo que podrían aprovechar estos dos escritores.

***

En Tabasco, Luis Gámez (Cárdenas, 1979) es una voz literaria que de entre la ligereza de algunas de sus descripciones, la ingenuidad de sus tramas y las metáforas poco afortunadas (“Mirar la enorme alberca que es el mar Caribe…”), logra crear de pronto en sus relatos una atmósfera inquietante (“La oscuridad que galopa y golpea”, “Nicolasa en la villa de perros”) y describir una situación de derrota (“La cabeza”, “Cleto Seyer y el rostro del espanto”) o de triunfo, de resistencia (“Correr y ganar”). Puede ubicar sus historias en Cancún, Tabasco, la ciudad de México o Puebla, pero también en Toronto o Londres, alejándose de una gastada y soporífera tentación regionalista. A la manera de Santiago, en El viejo y el mar, los personajes de Luis Gámez, sobre todo en sus historias de box y de carreras, luchan con todas sus fuerzas, se baten por un objetivo, aunque al final fracasen o no triunfen del todo. Narrador de un variopinto universo temático, Gámez nos habla de cómo los recuerdos atraviesan fronteras, de la soledad, la derrota, la decepción, el box y el entrenamiento físico como una forma de resistencia, el tiempo, la miseria, la corrupción política y la extorsión. Si bien en sus relatos se percibe una mirada escéptica, de desencanto y crítica en torno a la existencia, el glamour del oropel, la canalla literaria y la vida política, falta el coraje de un lenguaje devastador, intenso, mordaz. Luis Gámez es un narrador sensible capaz de generar misterio e inquietud en un relato (“Otra forma de justicia”, “Hábitos del viudo Neftalí”), pero muy inocente al momento de contar las cosas malas de este mundo.

Terminado el recorrido, ahuyentado el tedio, me detengo y vuelvo la vista atrás: con una marcada excepción, el panorama es poco alentador.

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17 respuestas a Norte y Sur en Tierra Adentro

  1. Apóstol dice:

    Antes de todo felicidades por tu participación en la revista y mejor por el texto que muestra una porción de lo que podría ser la narrativa joven del sur.
    Es muy interesante lo que planetas en tu conclusión de lo desalentador que es el panorama actual, pero me interesaría ver la otra parte de lo escrito sobre los del norte, pero supongo que ha de ser igual. La literatura actual no tiene un verdadero trabajo de escritorio, es una literatura que va al paso y como va saliendo se acomoda al medio que poco le pide. Siempre en una novela busco un buen manejo del lenguaje para que sea creíble, una historia interesante, etc.
    Muchas veces prefiero leer novelas de los contemporáneos y no la ligereza de lo que muchos escriben en la actualidad y que se convierten en la novedad.
    Mejor regresar al origen, que vivir en la desolación narrativa.

  2. tomasinjaja dice:

    Entre la prosa de Nadia VIllafuerte y mi incapacidad de lector se interpuso un látex de enorme grosor … sencillamtente, no me gustó su libro.

    Slds!!!

  3. Irad dice:

    Apostol:

    Gracias por tu comentario. La verdad es que a mí también me hubiera gustado postear el texto de Eduardo Huchín, quien reseña a los narradores del norte, pero no puedo disponer de su texto. Esperemos que pronto él lo comparta con sus lectores a través de su blog y así tener los dos trabajos.

    Saludos!!

  4. Irad dice:

    tomasinjaja:

    ¿Qué puedo decirte más allá de que sencillamente respeto tu opinión? ¿En verdad no te gustó ningún relato del libro que mencionas?

    Saludos!!

  5. frank dice:

    Listo Irad ya leí tu panorama crítico sobre los narradores jóvenes del sur, el sur ese monosílabo de extraña sal. Fijate que el texto en sí no me parece poco alentador, es decir, ves en ese panoramo y en esta época a una narradora con grandes potencias narrativas, no sé si ya con una obra perfecta, a la vez reconoces en todos los narradores virtudes que van desde el lenguaje, el tono, el temperamento; me parece una radiografía esperanzadora. Ahora, no hablas del estilo, eso me hubiera gustado. Digo tampoco hacer un analisis literario pero si que nos comentaras un poco que tipo de structuras narrativas se usan, o las características del fraseo, o la utilización del lenguaje figurado. Pero creo que tu trabajo es cumplidor y también siento, ojalá que me equivoque, que hubo cosas que decidiste mejor obviar, jajajaja, va el saludo de siempre, frank meza.

  6. Irad dice:

    Frank:

    Te agradezco el comentario. Creo que tus observaciones son puntuales y me servirán para releerme. Según yo, en una o dos de las propuestas que revisé algo menciono sobre el uso del lenguaje figurado y las frases cortas, etc.

    Después de leerte quizás el título cambiará: “Panorama esperanzador”. Suena un tanto religioso.

    Saludos!!

  7. Paco dice:

    No, ese título a mí me suena más como un comunicado de Los Pinos, ja, ja.
    Un abrazo.

  8. Irad dice:

    Paco:

    Cuando escribí el título, pensé algo similar. Sentí que escribía el título de un boletín de Hacienda en época de crisis. Al final decidí abrazar la retórica burocrática.

    Saludos!!

  9. No leí todavía tu post. Pero después de lo que escribió Yépez, Tierra Adentro sería el no espacio para la cultura contemporánea.

  10. Apóstol dice:

    Tierra Adentro puede ser el espacio para la cultura comercializada. Lugar donde dan becas y los libros no funcionan. Donde la narrativa joven busca su lugar de confort y el trampolín para publicar en la revista. Donde se encuentra un grupo literario por que es más difícil entrar a los otros. Donde se respeta a los grandes enaltecidos por los jóvenes. Cualquier vicio se puede encontrar ahí.
    Pero ejercicios como los de Irad y Eduardo demuestran que no todo esta perdido en ese espacio pero si en nuestra narrativa.
    Supongo que Miriam se refiere a esté texto de Yépez:
    http://www.revistareplicante.com/17/index.php?sk=art&nm=209

  11. Irad dice:

    Miriam y Apostol:

    Se me hace muy exagerado y en realidad erróneo afirmar eso de la revista Tierra Adentro, se los digo sinceramente. Creo que la revista tiene y tendrá defectos y traspiés, pero me parece que constituye un valioso espacio de expresión para artistas y escritores jóvenes de provincia que hoy día están creando.

    Un abrazo a los dos!!

  12. Irad dice:

    Eduardo Huchín:

    Muchas gracias por el link, varios lectores de este lugar virtual me habían preguntado por tu texto. Ahora podrán leerlo y tener el panorama completo.

    Saludos hasta Campeche o Puebla, donde sea que deambules!!

  13. frank dice:

    Por fin tu blog retornó a la discusión. Creo que el paco acierta con el comentario sobre el título. Por cierto, sigo en la espera de un ejemplar de la revista, digo, con esto de la crisis prefiero esperar a que alguno de mis amigos llamense: paco, irad o paúl, me regale un ejemplar.
    Después dicutiremos sobre tu concepto de perfección, jajajaja. Ahora, el comentario de apostol, no me parece un desproposito, es decir, ese tipo de comentarios abundan dentro de la comunidad de lectores. La revista tierra adentro, necesita ser aún más crítica, sin embargo, desde mi punto de vista, siempre ha sido una revista plural y uno de los pocos espacios donde podemos enterarmos de los autores jóvenes.
    Aprovecho para decir que me gustaría mucho poder leer una sección de traducción en la revista, es decir, de jóvenes traductores mexicanos. Te mando un saludo y espero pronto vernos. Por cierto, me han dicho que el paco en vez de reseña escribió todo un tractatus poeticus sobre Novenius (Paz), jajaja. Suerte o patria.

  14. Irad dice:

    Frank:

    Deja que me lleguen las revistas y entonces te proporciono alguna (claro, si llega más de una).

    Yo tampoco creo que sea un despropósito lo que dice Apostol, pero creo que no todo está mal. Sin duda la revista necesita ser más crítica, pero no sólo Tierra Adentro sino todas las que circulan. Pienso que ninguna se salva de ciertas inercias, filias y fobias.

    El texto del Paco está muy bueno y la entrevista a Jesús Ramón también, aunque discrepo de la idea de que el poeta no deba ser una persona pública o un intelectual que interviene en la discusión pública (¿leí bien?).

    Saludos!!

  15. Apóstol dice:

    Algo de polémica no cae mal, ya hacia falta hasta los muertos regresaron a este lugar prodigioso.Carballo Regreso de las cenizas para decir que hace falta la critica en México.
    http://www.noroeste.com.mx/publicaciones.php?id=550804&id_seccion=82
    Aunque sin olvidar las promesas de dos de ellos…

  16. Irad dice:

    Apóstol:

    Coincido: nos hacía falta el desacuerdo para darle vida a este espacio.

    Leí la nota de Carballo, a quien respeto por el trabajo crítico que hizo en su época. Sin embargo, percibí que ya nada más se repite en sus comentarios.

    Saludos!!

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